web analytics

PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular – Noticias Atemporales – Prensa Alternativa

Fuente: https://carasycaretas.org.ar/      Por Julián Blejmar

Pablo Solo Díaz es artista plástico, payador, titiritero y fue maestro de arte en escuelas rurales. En esta entrevista habla sobre la payada como género y las transformaciones del campo.

Son muy pocos los mortales que gozan de un gran talento, y mucho menos aquellos que tienen más de uno. Allí, en Las Flores, provincia de Buenos Aires, se encuentra Pablo Solo Díaz, artista plástico y payador, pero también guitarrista, maestro de arte en escuelas rurales, titiritero y “un poco actor”, más allá de que asevera no creer “en ninguna clase de etiquetas”. Nacido en 1959, egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano como maestro nacional de dibujo y perfeccionado con la pintora Cristina Arraga, comenzó su trayectoria en la pintura cuarenta años atrás, en 1986, con la muestra de dibujos y grabados “Los desaparecidos de la conquista del desierto”, título que tomó de una reflexión de David Viñas en Indios, ejército y frontera, y fruto de tres años de cruzar a caballo la provincia de Buenos Aires y La Pampa releyendo a Lucio V. Mansilla. A esta muestra le siguieron una gran cantidad de exposiciones individuales y colectivas, entre las que se destacan “Croteadas” (2014)“Desparramando incertidumbres” (2018) y “El Tungo 20 años” (2016), en la que se recopilan las tiras de humor gráfico de su autoría publicadas en el periódico Acción Regional, que pueden verse en línea en el Mapa del Arte, en su propio blog y en sus redes sociales.

Con todo, esta obra es solo una parte de su arte, pues desde sus veinte años también paya por los pueblos argentinos, uruguayos y chilenos, tras lo cual montó su unipersonal A perro, perro, Martín Fierro, con el que recorrió desde Tecnópolis hasta escuelas de montaña de Amaicha del Valle, además de escribir crónicas y poemas que fueron recopiladas en el libro La lengua del viento, publicado en 2018 por La Flor Azul.

Pero, en rigor, ambos talentos parecen necesitarse y complementarse: “Viajar se convirtió en una parte fundamental de mi trabajo. En moto, a caballo un tiempo, buscando los rastros ranquelinos en los montes pampeanos, en jineteadas, en encuentros de payadores, en eventos populares en los que participo y donde encuentro la temática que luego se convierte en imágenes”, cuenta Solo Díaz. Llamativamente, el artista nació en Larrea y Juncal, pero en el seno de una familia de campesinos emigrados que en su casa tocaban la guitarra y cantaban milongas acompañadas por mucho vino. Tanto sus abuelos como gran parte de sus veinte tíos iban y venían al campo, ya que algunos de ellos trabajaban como mayordomos y llevaban a Pablo durante los veranos. Incluso, el primer juguete que recuerda es un caballito de palo que su madre había encontrado en la calle y restaurado, además del gusto por la literatura y los versos criollos que le inculcó su padre, junto al compromiso político de ambos. Ya en la adolescencia, recuerda perderse entre la gente en los campos de Saladillo, Rauch, Ayacucho, Pehuajó, Trenque Lauquen, 30 de Agosto o Las Flores, para luego de un tiempo, tras “el año muy triste” de la derrota de Malvinas, iniciar con un amigo un viaje a diversos pueblos de Buenos Aires y La Pampa.

Con la llegada de la democracia, Solo Díaz se anotó en el profesorado de pintura, cuando ya había decido que su lugar serían las escuelas rurales del campo, al que regresó en 1987 y donde trabajó por más de treinta años, mientras fue realizando exposiciones pictóricas y presentaciones como payador, un género del que afirma: “Los que saben dicen que es como escribir, a escribir se aprende escribiendo, y a payar se aprende payando, escuchando a los mayores y es oficio y práctica. Conocí a los primeros payadores en el 74, cuando tenía 15 años, a José Curbelo, Marta Suint, Carlos Molina y muchos otros venidos del Uruguay, porque allá ya estaba la dictadura y tenían un canto muy comprometido políticamente, con la defensa de los trabajadores, bajo la tradición de los viejos payadores anarquistas, y luego empecé a hacerlo solo en el campo, recorriendo y empezando a improvisar”. Pero puesto a confrontar con los secretos de esta técnica, señala que “si bien dicen que la payada es un trapecio sin red, también tiene un mecanismo para que vos puedas usar recursos y no quedarte en la nada. La payada está ligada al octosílabo, que es la herramienta básica de los romanceros gitanos y de toda la copla gitana y tradicional andaluza. El octosílabo es un verso de ocho sílabas, que permite llegar a las décimas, que son diez versos octosílabos que riman entre sí, y está en el arte popular de todos los cómicos, los titiriteros, los que vivieron la Edad Media y que llegaron acá con los jesuitas para evangelizar. Cuando estás haciendo un duelo, es como el boxeo, no se tiran trompadas a lo loco, sino que hay una técnica detrás, y la del payador se basa en que antes de empezar la décima tenés que saber el cierre, que es el final de la estrofa, lo que queda como golpe de efecto, y cuando se logra la idea hay que ponerla ahí. Si yo tengo que improvisar con vos ahora acá, diría: ‘Hablando de payadores, Buenos Aires y Las Flores, donde cada cual se halla, imagino una batalla, donde existen dos poetas, con una palabra inquieta, que la digo con afán, y mirándolo a Julián, para Caras y Caretas’, y entonces sé que tengo que decir ‘poeta’, ‘inquieta’, ‘meta’ o ‘receta’. Lo básico es conocer la estructura, que no cambia nunca y es un dispositivo genial, pero lo importante además del ingenio es tener cosas para decir, eso es lo que me motiva, la crítica a determinados manejos de lo que se entiende como progreso que no es progreso, como el despoblamiento rural. Y cuestionarnos dónde estamos parados, qué cosas hay importantes de la tradición que vale la pena reivindicar y cuáles no”.

Pablo-Solo-Diaz-Obras PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

Parece en ese sentido que hay algo del grotesco criollo en la payada, esto de reír con amargura…

–Depende un poco del payador, hay payadores más profundos, otros militantes, están los ingeniosos, pero la capacidad y el compromiso del cantor es lo que Hernández llama cantar con fundamento. Y depende además de los países, hay determinados payadores en Uruguay y a mediados del siglo XX que estaban más cerca de lo épico, donde se narraba José Gervasio Artigas, la lucha gaucha, las reivindicaciones. Ahí no había tanto espacio para el humor. En cambio los cubanos manejan muy bien lo poético y lo metafórico pero no son tan épicos, porque en los últimos años no han podido opinar o criticar determinadas cosas, y entonces su canto tiene más que ver con lograr juegos de palabras que son brillantes, increíbles cuando improvisan. Y también la aparición del feminismo fue muy importante porque aparecieron más compañeras payadoras que empezaron a decir otras cosas, en Chile hay un montón de payadoras que siguen la línea campesina de Violeta Parra, que era muy comprometida políticamente. Y después sí hubo toda una corriente que estaba más cerca del grotesco, con payadores que manejaron muy bien eso, lo dramático, lo reivindicativo y el humor también, que en parte empezaron a cantarle al hombre de campo que iba a la ciudad y no se podía manejar, sobre todo a fines de los 50 y 60, una movida muy grande también porque los payadores empiezan a cantar en las radios y ya superan lo rural.

–El Martín Fierro parece estar muy presente en tu obra poética y como payador.

–Trabajé mucho el Martín Fierro, primero los años en que José Hernández lo hizo, porque había que escribir eso en 1870, pocos años antes de que Julio Argentino Roca saliera a masacrar todo, y otra cosa interesantísima de Hernández es que él no idealiza su personaje, Martín Fierro es absolutamente contradictorio como somos todos, porque termina convertido en un asesino pero es también el hombre de trabajo que está viviendo en su rancho con su familia y viene el juez de paz y por la ley de levas lo manda a la frontera a cagarlo de hambre y a pelear una guerra que no es suya. Cuando escapa, ve que su casa, su familia, su campo y sus animales ya no están, entonces, después de todas esas injusticias, se mama y mata al pedo, pero ¿qué lo llevó a eso?

–También Sarmiento describe un Facundo contradictorio, porque por un lado lo desprecia como bárbaro y por otro admira su liderazgo y coraje…

–Cuando hablamos de Sarmiento no recordamos que su padre era un tropero, un gaucho que llevaba mulas a Chile, y probablemente tenía allí otra familia porque se pasaba seis meses afuera, y entonces tienen todo eso con el gaucho y con los nómades, digo yo sin ser psicólogo ni nada, pero es muy interesante al respecto el libro de Carlos Gamerro Facundo o Martín Fierro, a partir de eso que decía Borges de que si hubiésemos elegido el Facundo como libro nacional, seríamos mejor país que con el Martín Fierro, a lo que Gamerro responde que pensar que un libro va a definir un país es un disparate.

Pablo-Solo-Diaz-1 PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

¿Y dónde están los Martín Fierro actuales, frente al Estado que despoja de derechos y patrimonio a las grandes mayorías?

–Hay un montón de reacciones, lo que pasa es que cuesta canalizarlas, cuesta encontrar quien sea el que se embandere atrás de todo eso. Somos todavía muy personalistas, muy caudillistas, necesitamos alguien que diga ta, ta, ta. Pero tampoco resultaba tan claro que los gauchos y el Martín Fierro de aquellos años fueran siempre esos seres corajudos, sino que en muchos casos tal vez tampoco sabían cómo reaccionar, porque Martín Fierro pelea con un negro, un indio y un gringo que eran peones como él, pero no pelea ni con el comandante ni con el juez de paz, es decir, no pelea con el poder, porque no tiene ni las armas, ni los recursos, pelea con sus iguales y no con el otro, el poderoso para Fierro es inalcanzable. Y está también ahora el tema de internet que cambió todo absolutamente, Facebook, WhatsApp, Instagram y todas las demás redes son de estos multimillonarios, y no sabemos cómo las manejan, lo que se ve, lo que no se ve, lo que sugiere el famoso algoritmo, no tenemos la menor idea, con lo que no estoy muy seguro de lo que está pasando.

–A primera vista parece contradictorio conjugar estas redes con la nacionalidad y la tradición, pero vos las supiste implementar.

–El deseo básico es alguien que quiere expresarse, en la época de Shakespeare los improvisadores cantaban en los mercados, o los saltimbanquis se golpeaban las manos en la plaza y empezaban a decir un verso, iban a las ferias o a las plazas, también usaban títeres, y después con la imprenta aparecieron las historietas y llegaron a la hojita suelta y luego al diario, tras lo cual vino la radio y la televisión, y en parte las redes sociales continúan esto, sin negar lo que decíamos antes porque es un espacio muy complejo. Pero por ejemplo en la pandemia, a los alumnos de mis cinco escuelas rurales les envié clases por audio de WhatsApp en verso, que encima se empezaron a reenviar y me llegaron dibujitos de Nueva Zelanda, de Nueva York, de todas partes.

–¿Cómo fue tu experiencia de treinta años de trabajo como maestro de escuela rural?

–Recuerdo con mucho dolor el final de la década del 90, todo el menemismo, y sobre todo 2001, porque había en las escuelas del pueblo chicos cuyos padres trabajaban para grandes propietarios que empezaron a querer reducir costos con los empleados, y entonces echaban a esos gauchos que trabajan en sus campos y tenían con ellos familiares y animales, gente con muchas raíces, como pasó con mis tíos mayordomos, para traer gente de otras provincias que no tuvieran parientes ni animales y trabajaran por un sueldo menor. Y también llegaron los contratistas que les alquilaban el campo a los herederos de los chacareros originales y muchos se iban a vivir de rentas, levantando toda la chacra. Pero igual la escuela rural era y sigue siendo un lugar maravilloso para trabajar, con gente y maestras muy comprometidas. Para mí fue muy lindo trabajar en las escuelas rurales, y hoy la provincia de Buenos Aires sigue llena de escuelas que se llaman de alternancia, donde los chicos van una semana y la otra trabajan en sus casas con problemas de la ruralidad y de los campos donde viven los padres, forjando raíz. Está lleno de adolescentes que quieren la cosa criolla, las pampas, no necesariamente desde una mirada política, pero sí con amor por el territorio y la cultura. Y la prueba son dos extraordinarios talentos de la música, como son Cazzu y Milo J haciendo cosas de sus abuelas y abuelos. O sea, no estamos tan perdidos, lo que pasa es que no lo alcanzamos a ver.

–¿Qué otros cambios observaste en el campo?

–Vi un cambio muy grande. Cuando empecé a trabajar, a fines de los 80, ya había bastante despoblamiento en el campo, pero todavía había mucha gente. En el paraje donde vivo, por ejemplo, había todavía un almacén, y ya no quedan, hace muchos años acá, y además paraba el tren y te podías ir a Constitución e incluso a Bariloche, pero a fines de los 80, principios de los 90, ya dejó de pasar. Fueron años muy cambiantes, en los 90 aparecieron los agroquímicos y la siembra directa con la semilla transgénica, lo que aceleró esa despoblación rural, en muchos lugares se están sacando las casas, los alambrados, los molinos y los montes, dejando el campo pelado para la siembra de soja. Es lo que llamo quemar las naves, un modelo del que no se puede regresar y nadie se mete porque lo que nos mata es lo mismo que nos da comer, lo que trae dólares, que es la soja, ese es el problema. Y uno no es un extremista que solo quiere el arado con los caballos, pero tiene que haber lugares intermedios y hay mucha gente que lo está haciendo, que está trabajando de otra manera, sin contaminar la tierra, respetando a sus trabajadores.

La mirada sobre Molina Campos

Así como la temática de los cuadros de Pablo Díaz remite a la de los de Molina Campos, el Martín Fierro parece ser muy central en su obra poética y como payador. Al respecto, el artista señala: “Tengo una mirada muy especial sobre Florencio Molina Campos, porque me parece que fue un gran vanguardista de nuestra pintura. Vanguardia es lo que va adelante, o sea, pisar un territorio que nunca se pisó, y en la universidad entendimos las vanguardias como las europeas, con el cubismo, el expresionismo, el impresionismo y todas esas corrientes. Y Molina Campos, a quien se conceptúa como un artista popular, hace cosas que no se hicieron nunca, pinta gauchos que nadie había pintado, no con óleo y sobre tela sino con témperas sobre cartones e incluso sobre cajas de ravioles. Pinta mujeres, pinta el trabajo, lo pinta grotescamente o simpáticamente, con una ternura infinita y muchísima dignidad, y pinta a los que no tenían nada, como era realmente, al punto de que si no fuera por los dibujos de Molina Campos, no sabríamos que en los puestos de los gauchos las mujeres andaban descalzas, no había sillas, ni puertas, que los pisos eran de tierra, los ranchos de barro y los techos de paja”. Pero además, Solo Díaz sostiene que este pintor, contratado en su momento por Walt Disney, “no solo hizo todo eso, sino que además lo hace conocer no en los salones ni en las galerías de arte, porque tardaron cincuenta años en meterlo en los museos, sino en los almanaques, que era la cosa más popular porque además eran de Alpargatas. Y además logró ser transversal a todas las miradas ideológicas, porque conquistó a la derecha y a la izquierda, al peronista y al antiperonista. Nací el año en que murió Molina Campos, en el 59, y cuando yo tenía diez años, en el campo los gauchos me decían dibujate un Molina Campos, no me decían hace una caricatura o un dibujito, sino un Molina Campos. Todavía nos cuesta dimensionar lo grande que fue Molina Campos, realmente era un poeta de pincel”.

Pablo-Solo-Diaz-Obra PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS

Regresar a Diario Mar de Ajó, el diarito – Prensa Popular – Noticias Atemporales – Prensa Alternativa

La entrada PABLO SOLO DÍAZ: ENTRE EL MARTÍN FIERRO Y MOLINA CAMPOS se publicó primero en Om Radio

Fuente: https://omradio.ar/pablo-solo-diaz-entre-el-martin-fierro-y-molina-campos/